lunes, 1 de septiembre de 2008

EZLN: 24 años después

Jaime Martínez Veloz
Después de 24 años de trabajo organizativo, lucha social y experiencias vividas, el EZLN ha consolidado su presencia en el territorio chiapaneco. Con discreción, orden y disciplina, los zapatistas han podido construir un nuevo modelo de trabajo o, como dicen ellos, un nuevo modo de hacer las cosas, donde a partir de una práctica cotidiana de la autogestión, la solidaridad, la creatividad, la cooperación y organización comunitaria han mantenido la cohesión de sus comunidades.
A los zapatistas nada les ha sido fácil, ni nada les ha sido regalado. Lo logrado ha sido gracias a un enorme esfuerzo y a una alta cuota de sacrificio de sus integrantes. Mayor significación tiene cuando sus logros se han producido en medio de condiciones difíciles y complicadas.
Desde los primeros años en que desarrollaron su trabajo, tanto en el frente de masas como en la organización clandestina, se formaron al amparo de una convicción: “mandar obedeciendo”. Los años anteriores al levantamiento les permitieron consolidar una fuerte presencia en comunidades, muchas de las cuales se reconocieron zapatistas. La estrategia en su formación guerrillera puso distancia frente a métodos utilizados por otras guerrillas para allegarse fondos mediante secuestros o acciones que caen en el terreno delictivo y que han sido rechazadas por la opinión pública.
La apuesta zapatista de construir una base social organizativa como sustento fundamental de la acción armada, financiada con los modestos recursos de sus integrantes, ha sido el distintivo que ha alejado al zapatismo de cualquier acción que lo vincule con acciones terroristas que pudieran justificar la acción represiva del Estado mexicano. El levantamiento zapatista fue caracterizado por la primera Cocopa como “expresión de una insurrección comunitaria, producto de causas fundadas que lo originaron”.
La irrupción zapatista en el escenario nacional trajo modificaciones sustantivas. Las subsecuentes reformas electorales al primero de enero de 1994 fueron realizadas por una demanda de la sociedad mexicana, pero también por el reconocimiento tácito a la justeza de los reclamos zapatistas. Tal vez esto no quiera ser reconocido por los partidos políticos, pero el levantamiento armado contribuyó a la creación de un nuevo escenario electoral y a una redistribución del poder político. Hoy el modelo electoral mexicano dista mucho de ser el mejor y más adecuado para los mexicanos, pero es muy diferente al de antes de 1994.
El diálogo entre el EZLN y el gobierno federal estuvo amparado por una Ley para el Diálogo, cuya fortaleza radica en expresar la voluntad de las partes, sobre todo de la sociedad mexicana, que desea una solución de fondo a la problemática planteada por los zapatistas, por vía de la negociación. El EZLN puso su parte, el Estado Mexicano incumplió los compromisos contraídos en San Andrés. Aunque el estatus del diálogo que ampara la ley vigente es de “suspensión”, no de “ruptura”, la reanudación de esta vía tendrá que pasar por el cumplimiento de los acuerdos de San Andrés, cuyo contenido principal ha hecho suyo la Organización de Naciones Unidas.
Luego de la suspensión del diálogo y desde antes, en un doble discurso el gobierno, mientras decía querer dialogar, apoyaba una estrategia de contrainsurgencia y acorralamiento de las fuerzas zapatistas. Expedición de títulos agrarios, habilitando a campesinos como ejidatarios en tierras ocupadas por los zapatistas, encarcelamiento de líderes y bases de apoyo zapatistas, matanzas indiscriminadas, fomento de las deserciones y el paramilitarismo, ofrecimiento de apoyos oficiales a cambio de renuncias públicas al EZLN, minimización del conflicto, campañas mediáticas antizapatistas fueron, entre otras, acciones que dominaron el escenario chiapaneco durante el mandato del presidente Ernesto Zedillo y los varios gobernadores interinos que Chiapas tuvo durante ese sexenio.
En medio del hostigamiento, el zapatismo tuvo la capacidad de salir adelante y perfilar una nueva iniciativa política a principios de 2001, mediante la marcha exitosa que culminó con la presencia de los zapatistas en la tribuna del Congreso de la Unión, donde el debate entre los legisladores traspasó las fronteras de las formalidades parlamentarias para ubicarse en un terreno donde el elemento principal que introdujo la petición zapatista para hacer uso de la tribuna de San Lázaro no radicaba en que fuera un asunto de normatividad legislativa, sino en otro mucho más profundo que cuestionaba al actual modelo de la democracia mexicana, la cual aún no incluye a todos los mexicanos, en este caso a los pueblos indígenas.
A pesar del éxito de la marcha y las expresiones públicas del presidente Fox, la culminación del proceso legislativo que dictaminó la iniciativa de ley indígena produjo un resultado ajeno a lo pactado en San Andrés Larráinzar, con una reforma constitucional que hizo a un lado el arduo proceso de negociación entre las partes. El nuevo escenario permitió que de nueva cuenta los zapatistas sacaran la creatividad que los ha caracterizado con las juntas de buen gobierno como una nueva forma de organización que este año cumple un lustro de actividades sostenidas mediante un método de trabajo que ha permitido procesar diferencias, definir esquemas de trabajo y vincularse organizadamente entre los miembros y quienes no lo son.
Los miembros de las juntas de buen gobierno se van rotando entre los integrantes de la comunidad, y han entendido que el servicio que brindan no significa obtener privilegios individuales, pero fortalece la integración comunitaria que permite sentar las bases para el desarrollo de los pueblos. Esta experiencia es un nuevo modelo en la toma de decisiones del que hay mucho que aprender y mucho que saber.

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Durante toda su existencia, los zapatistas han tenido que sortear momentos y circunstancias difíciles. Hasta ahora han podido lograrlo gracias a la conjugación de una serie de factores, ligados principalmente con su disciplina y vocación hacia el trabajo de organización interna y análisis prospectivos de la realidad nacional.
Un momento complicado que tuvieron que remontar, previo a la creación de las juntas de buen gobierno, fue el desconocimiento de facto que hizo el gobierno federal de los acuerdos de San Andrés Larráinzar, firmados por él mismo y el EZLN.
Habíamos llegado a esa etapa después de haber sorteado un conjunto de dificultades y provocaciones promovidas desde algunas esferas gubernamentales o de núcleos de poder económico y político del país.
La situación interna no era sencilla, dado que la dirección zapatista había caminado por el sendero de la política, como una apuesta para lograr sus reivindicaciones, y ésta había fallado por la frivolidad, el cortoplacismo o la mezquindad del gobierno.
El aliento de esperanza que representaban los acuerdos de San Andrés fue borrado por la negativa gubernamental para cumplir lo pactado por sus representantes.
La carga de descalificaciones contra los acuerdos pactados y la iniciativa de ley derivada de los mismos, se ponían en batería y se usaron todos los medios al alcance del Estado mexicano para generar una percepción ciudadana contraria al espíritu y contenido de lo acordado en San Andrés, entre el gobierno federal y el EZLN.
Los argumentos en contra de la iniciativa de ley, elaborada por la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa), rayaban en lo ridículo, pero sobraban patiños que se alquilaban para justificar el incumplimiento gubernamental.
Entre otras cosas, decían que “la Cocopa se prestó al juego del EZLN para balcanizar al país”, que los zapatistas “quieren crear un anticonstitucional cuarto nivel de gobierno” y “pretenden imponer a todos los usos y costumbres indígenas, cuando éstos son violatorios de los derechos humanos”, que “la iniciativa Cocopa carece de técnica jurídica”... La retahíla de sandeces se repetía sin parar por todos los medios habidos y por haber. Los intelectuales “inorgánicos” del régimen repetían una y otra vez el guión elaborado por Gobernación.
La iniciativa Cocopa transcribe textualmente los términos y las palabras que dan forma a cada uno de los compromisos contraídos. Por ejemplo, los acuerdos de San Andrés reconocen que “las comunidades indígenas serán reconocidas como entidades de derecho público” y el traslado literal de este texto al cuerpo de la iniciativa de ley indígena, motivó serios y majaderos reclamos del gobierno federal. A fuerza de calificativos y distorsiones mediáticas, el gobierno intentaba persuadir de que no había firmado lo que firmó. Paralelamente a su irresponsable actitud, prohijó y fomentó una estrategia de contrainsurgencia para golpear a las bases zapatistas.
El diseño del proceso de negociación y la agenda pactada por las partes del conflicto contemplaba las principales preocupaciones nacionales. Estaba la mesa puesta para una profunda reflexión nacional sobre los temas que hoy gravitan en el imaginario colectivo: recursos naturales, reforma política, medios de comunicación, derechos sociales, justicia, bienestar social, derechos de la mujer, entre otros, son temas que quedaron pendientes de discutir en San Andrés y hoy son parte consustancial del debate nacional.
Frente a los hechos que han aparecido y que padece la sociedad mexicana, se confirma que los zapatistas tenían y tienen una percepción del desenvolvimiento de los sucesos nacionales.
Por ello, con la discreción que caracteriza al EZLN, se puso a construir una forma organizacional que les permitiera, a partir de su propia realidad, mantener la cohesión interna y la atención de sus comunidades, mediante un ejercicio de gobierno del que mucho tenemos que aprender los mexicanos. Con pocos recursos y mucho ingenio, diseñaron un esquema táctico que les ha permitido sobrevivir durante el tiempo transcurrido después del desconocimiento de los acuerdos de San Andrés, logrando importantes éxitos en materia de salud, educación y consolidación interna. Su presencia y solidez ha sido un factor esencial en un estado cuya historia contemporánea está ligada al zapatismo.

miércoles, 7 de mayo de 2008

JORNADA DE SOLIDARIDAD CON LOS PUEBLOS ZAPATISTAS EN EL IPN

Invitamos a todos y todas a la Conferencia "La situación actual de las comunidades zapatistas" donde estarán como ponentes: Carlos Aguirre Rojas, catedrático de la UNAM y Sergio Rodríguez Lascano, director de la revista Rebeldía.

Al término de la conferencia habrá música de Francisco Barrios "El Mastuerzo" y una exposición fotográfica acerca del movimiento indígena zapatista. También estará a la venta el libro "Mandar obedeciendo" de Carlos A. Aguirre y productos de las comunidades.

La cita es el viernes 9 de mayo a las 11am en el auditorio Lenin de la Escuela Superior de Economía del IPN, Plan de Agua Prieta #66, Colonia Plutarco Elías Calles, a dos cuadras del metro Normal.

Comité de Lucha de Escuela Superior de Economía (CLESE), Coordinadora Estudiantil Politécnica (CEP) y adherentes a título individual de la Otra Campaña

martes, 30 de octubre de 2007

DECLARACIÓN DE VICAM

DECLARACIÓN DE VICAM

Convocadas y reunidas los días 11, 12, 13 y 14 de octubre del año 2007, en el territorio Yaqui, de la comunidad de Vicam, las autoridades y delegaciones de los pueblos, naciones y tribus, Achumani, Anishnawbe, Lakota Omaha, Dine, Cherokee, Apache, Dakota, Onondaga, Tothono O’odham, Chiricahua, Gitxsan, Ojibway, Salish de la Costa, Scwepemc, Cree, Cree Salteaux, Ojibaway, Salish de la costa, Secwepemc, Cree, Cree Salteaux, Cree Carrier, Tsimshian, Kwakwaka Wakw, Ktnuxa, Anishnawbe, Mik Maq, Stollo, Dene, Kahnawake, Wakw (de la nacion Mohawk), Akwesasne ( de la nacion Mohawk), Tus T’ina Nak’azdli Carrier, Nthlagmex, Cayuga, Mame, Wayuu, Kekchi, Mam, Lenka, Kichwa, Miskito, Wixarika, Raramuri, Yaqui, Nahua, Purehpecha, Ezar, (Chichimeca), Triqui, Hñahñu o Ñuhu, Mepha (Tlapaneco), Maya, Chontal, Tzeltal, Tzotzil, Zoque, Mayo, Coca, Kicapu, Amuzgo, Pima, Mazahua, Guarijio, Quilihua, Cucapa, Cuicateco, Caxan, Mazcovo, para celebrar los trabajos del primer encuentro de los pueblos indígenas de América, y considerando:

Primero: - Que somos descendentes de los pueblos, naciones y tribus que primeramente dieron nombre a estas tierras; que nos nacimos de nuestra madre tierra y mantenemos un respeto sagrado hacia quien nos provee de la vida y nos guarda en la muerte; en consecuencia manifestamos ante el mundo entero que defendemos y cuidamos con nuestra vida a la madre tierra.

Segundo: - Que los pueblos, naciones y tribus indígenas de estas tierras que los invasores llamaron América hemos resistido, hasta el día de hoy, una constante guerra de conquista y extermino capitalistas que dura ya mas de 515 años.

El dolor sufrido por el ataque de los invasores, apoyados en falsos argumentos de exclusividad cultural y arrogante presunción civilizatoria, con el fin de despojar nuestros territorios, destruir nuestras culturas y desaparecer a nuestros pueblos, no ha terminado, por el contrario, crece día a día.

Tercero: - Junto con el dolor y la pesadilla que provoca el capitalismo salvaje, crece la resistencia y la indignación de nuestros pueblos, reflejándose en el gran esfuerzo de nuestros pueblos para compartir su palabra y resistencias en este encuentro de los pueblos indígenas de América.

Nos pronunciamos:

Primero: - Manifestamos nuestro derecho histórico a la libre determinación como pueblos, naciones y tribus originarios de este continente, respetando las diferentes formas que para el ejercicio de esta decidan nuestros pueblos, según su origen, historia y aspiraciones.

Segundo: - Rechazamos la guerra de conquista y extermino capitalista impuesta por las empresas transnacionales y los organismos financieros internacionales en complicidad con los grandes potencias y los estados nacionales.

Rechazamos la destrucción y el saqueo de la madre tierra a través de la ocupación de nuestros territorios para la realización de actividades industriales, mineras, agroempresariales, turísticas, de urbanización salvaje e infraestructura, así como la privatización del agua, la tierra, los bosques, los mares y las costas, la diversidad biológica, el aire, la lluvia, los saberse tradicionales y todo aquello que se nace en la madre tierra.

Nos oponemos a la certificación de las tierras, costas, aguas, semillas, plantas, animales y saberes tradicionales de nuestros pueblos con el propósito de privatizarlos.

Rechazamos la ocupación y destrucción de nuestros centros y lugares sagrados, así como la mercantilización de nuestra cultura.

Rechazamos la ejecución del megaproyecto denominado escalera náutica o mar de cortes, la construcción de la carretera costera dentro del territorio yaqui y cualesquier otra acción tendiente al despojo del territorio de la tribu yaqui.

Ratificamos nuestro rechazo a la realización de las olimpiadas de invierno del año 2010 en territorio sagrado que fue robado a las naciones originarias de la nación tortuga con el fin de instalar pistas de esquiar en Vancouver, Canadá.

Tercero: - Denunciamos que la guerra de conquista y extermino capitalista agudiza como nunca antes la explotación de los integrantes de nuestros pueblos en las grandes plantaciones y en las maquiladoras o como migrantes en ciudades o en países lejanos a sus comunidades de origen, donde son contratados en las peores condiciones llegándose a los casos de esclavitud y trabajo forzado.

Cuatro: - Rechazamos el establecimiento de grandes tiendas trasnacionales que despojan de los recursos económicos a las comunidades, así como rechazamos las políticas neoliberales que han debilitado nuestras economías comunitarias, destruido nuestra soberanía alimentaria y la perdida de nuestras semillas nativas.

Quinto: - Manifestamos que buscaremos la reconstrucción integral de nuestros pueblos y que seguiremos fortaleciendo nuestras culturas, lenguas, tradiciones, organizaciones y gobierno propios.

Apoyados en nuestra cultura y visión del mundo, reforzamos y recrearemos nuestras instituciones educativas propias, rechazando los modelos educativos que nos imponen los estados nacionales para exterminar nuestras culturas.

Nos proponemos construir y fortalecer medios de comunicación propios que consoliden nuestras luchas y alianzas con otros pueblos hermanos del mundo.

Sexto: - Rechazamos todo forma de represión hacia nuestros pueblos, expresada en la militarización y paramilitarizacion de nuestros territorios, en el desplazamiento forzado, la deportación masiva, la imposición de fronteras para dividir y fragmentar a nuestros pueblos y el encarcelamiento y la desaparición de quienes luchan por las reivindicaciones históricas de nuestros pueblos.

En consecuencia exigimos la inmediata liberación de todos los pres@s políticos indígenas de América.

Llamamos a la unidad de todos los pueblos indígenas de América para enfrentar la guerra de conquista y extermino capitalista, consolidar nuestra libre determinación y reconstituirnos integralmente.

Vicam, territorio de la tribu yaqui, América, a 14 de octubre de 2007.

Atentamente
Pueblos, tribus y naciones participantes en el Encuentro de Pueblos Indígenas de América